Casa Gerardo

Sólo había estado de pasada en Gijón hace unos años y el recuerdo se difuminaba entre la playa, el comer y, sobre todo, el beber. Bien, pues esta vez he indagado más en mis vicios y no me ha defraudado.

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Siempre me han gustado las cosas largas, en los menús no iba a hacer una excepción.

Mi estómago ya estaba gritándome piedad cuando leí que el décimo plato del menú era fabada, pero he de decir que disfruté, gemí y rechupeteé todos y cada uno de los platos.

Si tengo que elegir plato me quedo con “Caviar y castaña” gracias al cual descubrí tres cosas importantes: una es que las bolitas que pone tu tía en navidad sobre el salmón ahumado NO es caviar ni nada que se le parezca; la segunda, consecuencia directa de lo anterior, es que me gusta el caviar más que levantarme tarde;  y tres, aunque me duela decirlo, hay una castaña más rica que la mía.

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Caviar y castaña

Muy a pesar de mi primera impresión de los platos, el Cogollo a la crema y Yemas (oricios, huevos y trigueros) son otros dos de mis favoritos. Y digo a pesar de la impresión porque el cogollo parecía precisamente un triste cogollo bañado con leche y el aspecto de yemas evocó en mi mente recuerdos de mi más tierna juventud cuando utilizaba condones (no entraré en más detalles). Pero lo dicho, platos llenos de sabores combinados a la perfección (sí, estoy hablándoos de sabores justo después de hablaros de semen, hay que quererme así). El resto de los platos en la misma línea: bonitos y buenos: el pescado, el bogavante, la ostra, la caza…rico de verdad.

 

Y antes de pasar a los dulces, que son definitivamente mi perdición, haré una mención especial a la fabada. No os dejéis engañar por mi sonrisa, estaba muy rica, sí,  pero llegados a este punto ya no era comer, era una lucha a vida o muerte por respirar sin que el pantalón me hiciera torniquete.

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Ir a Asturias y no comer fabada es como ir al McDonald´s y pedir ensalada.

Llegados a este punto cualquier humano dejaría de comer o reduciría al mínimo el consumo de postres PERO yo no soy cualquier humana, y parece ser que mi organismo sabiamente, ha desarrollado dos estómagos independientes: uno para lo salado y otro para el dulce. Así que disfruté como una cerda (ejem ejem) en una charca con los postres y el petit-four, especialmente con la crema de arroz con leche requemada que me terminé prácticamente sola. Os juro que si hubiera llevado unos leggins premamá (modelo recta final del embarazo de gemelos) y no tuviera miedo a las estrías en el estómago, hubiera repetido.

 

Conclusión: Una experiencia genial, repetiría sin dudarlo. Lo de siempre, no es barato (110€ el menú creo recordar), pero si lo que quieres es disfrutar y no simplemente comer (que eso ya lo hacemos todos los días con mayor o menor éxito), hay que probar este tipo de lugares y dejarte sorprender por los sabores.

 

Atrio

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Vengo a tratar de explicaros como ha sido mi primera vez y no hablo de nada sexual, hablo de mi primera vez en un restaurante dos estrellas Michelín: Atrio (al principio me lié un poco y me puse los tacones de follar para ir. No lo hagáis, Cáceres está muy empedrado).

Si tuviera que definir en una palabra toda la experiencia (la bodega, el lugar, el trato, la decoración, la innovación, los sabores…) , sería exquisito, pero como puedo decir alguna palabra más diré: se caga la perra, chavales! 

Me dije a mi misma que no podía hacer símiles marranos para hablaros de esta joya de la gastronomía, pero justo después probé un plato y el gustirrinín pasó directamente de mi boca al mismísimo coño. Es porno culinario.

No quiero entrar en muchos detalles, porque fueron unos 25 platos los que acabamos probando y disfrutando, pero con los que dije aquello de “podría alimentarme de esto y de tu rabo el resto de mi vida” fueron:

  •    Las ostras

 

  • El ceviche de mero con semiesfera de fruta de la pasión (lo sé, tengo una filia severa con los ceviches)img_7313
  • Mar y montaña de cigala y careta (sí, le he comido la cara a un cerdo y me he rechupeteado los dedos, no me escondo)

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  • Torta del casar y pera con bizcocho de té matcha

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  • Tocino de cielo (si el cielo sabe parecido voy a tener que empezar ponerme de rodillas para expiar mis pecados y no para atragantarme hasta llorar)

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  • Resumen del resto

 

Fueron casi 3 horas las que estuvimos al lío durante las que tuve ganas de llorar de las delicias que me estaba comiendo. Eso sí, más ganas de llorar me dieron cuando vi la cuenta. Amigos, es caro. Es caro de cojones (Menú degustación 150€, 2 copas de champán 36€, 2 cafés 12€…y no sigo sumando que vuelvo a moquear) PERO he de decir que si quieres vivir esta experiencia y disfrutar de algo que va más allá de comer rico, merece la pena.

No te digo más que me estoy planteando tirar todo el invierno con bragas del Primark para poder repetir próximamente. Con eso te lo digo todo.

 

Atrio

Inicio

Plaza San Mateo, 1, 10003 Cáceres

Nunca 27 cms fueron tan decepcionantes

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No os dejéis engañar por mi boquita de alegría, que era más bien de ansia ante la promesa que Peggy Sue’s  hacía de probar un delicioso perrito caliente de 27 cms. Nada más lejos de la realidad, no me gustó nada. Y me diréis “Todo el mundo sabe que  Peggy Sue’s es comida rápida/basura” y sí, pero se pueden hacer cosas insanas, rápidas y riquísimas por mucho menos dinero.

Conclusión: el tamaño no importa siempre que pase de los 18 cms, lo importante es la calidad. Y a la hora de comer alimentos también.

Pocas veces una explosión en mi boca, que no fuera semen, me había gustado tanto

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La Jamada (Burgos)

Sabéis esas elecciones difíciles que te da la vida tipo: papá o mamá; blanco o negro; chupar o que te chupen; comer o follar… Bien, si me llevas a La Jamada, yo me quedo con comer porque hay platos que saben a orgasmo múltiple.

La experiencia completa (estoy hablando de comer, centraros un poquito marranos) empieza con un local perfectamente ambientado y decorado, unos trabajadores la mar de agradables, cada plato emplatado (redundando que es gerundio) con un diseño acorde al mismo y termina con lo mejor: los sabores.

No os quiero aburrir hablándoos de cada plato porque comimos mucho (pero que mucho) y algo también bebimos (dejad que os aconsejen cervezas que tienen muy ricas, ojo cuidado con la Ambar10 que tiene 15º y entra más fácilmente que un pito-lápiz)), así que os destaco los que más me hicieron lubricar salivar.

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Foie caramelizado con anguila ahumada y salsa tonkatsu. Fuá fuá, qué locurón de sabores, texturas y contrastes!

 

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Ceviche de carabinero y que se corra el mundo entero.

 

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Tiramisú. He pedido que cuando muera me entierren en esa crema (equilibrio perfecto entre dulzor y suavidad) para ser feliz toda la eternidad.

 

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Esto es el resumen de todo lo que comimos (después del vermú de la mañana, claro) pero es que estas tetas no se crían solas, vale!!??

Ah, y bien de precio, merece la pena ir, sin duda.  Estáis tardando en reservar!

La Jamada, Burgos.

 

En el norte (lo) comen bien

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Verano, coño qué calor, vamos a pasar el día a la playa. Y hacemos caso al refranero “Santander cagar y volver”, pero para eso, hay que comer así que, al tema. Fuimos a Suances con antojo de arroz con bogavante y acabamos comiendo chuletón, porque somos de ideas fijas. Paseando al ladito del mar está El Duomo de Mariely, que como el nombre ya indicaba, está decorado con un gusto pésimo y unas sillas de felpa que invitan a sentarte con minifalda en busca de la gonorrea perdida.

Pero ay amigos qué entrantes! Pedimos rabas y bocartes. Estaban frescos, jugosos, sabrosos y muy abundantes (sí, nos dejamos llevar por el hambre y nos pasamos pidiendo, pero, qué demonios, hemos venido a jugar!)

Con esto y un postre ya podíamos haber comido, pero como me gusta tanto dilatarme el estómago como la vagina, pedimos un chuletón que venía acompañado de patatas fritas, pimientos y huevos fritos. El único pero que le pongo al chuletón es que lo sirven en una bandeja metálica ardiendo que sigue cocinando la carne mientras tu vas comiendo y los últimos trozos se quedan como el clítoris de tu abuela.

Resumiendo: Comimos mucho y bastante bien, y salimos a unos 25€/persona, así que la próxima vez repetiré, eso si, con un vaquero que no sea de la talla 38, que después de estos excesos, me aprieta el chocho.

El Duomo de Mariely, C/ El muelle 25, Suances. 

Sala de Despiece

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No paraba de oír hablar a todo quisqui de la Sala de Despiece, tenía las expectativas por las nubes, quizá sea por eso que cuando entré en aquel lugar abarrotado y con la gente cenando de pie pensé “Ahh, calla… esto, que en mi casa se ha llamado toda la vida “El coño de la Bernarda”, es lo que ahora se denomina “Nuevo concepto” y mola”. Mente abierta Helen (y las piernas también, pero aquí no, que no cabemos), mente abierta.

Al lío, los platos: El pulpo hizo que se me pusieran las bragas como un campo de arroz, riquísimo, muy jugoso y con mucho sabor. Cierto es que es un plato que adoro en cualquiera de sus variantes, pero eso no le quita mérito. El “chuletón” también está bueno (entrecomillo chuletón porque si ve mi padre que llamo así a un trozo de carne cruda de 50 gramos me deshereda), quizá un pelín flojo de intensidad, pero me vale, pasable. Pero llegamos a las costillas y al terminar el plato la cantidad de carne entre mis dientes era muy superior a la que había llegado al estómago. Y el bonito, sí, muy bonito y con una salsa con 4 o 5 nombres pero sólo sabía a Monchitos (arroz inflado que venden en los quioscos), que muy bien para recordar a la infancia, pero que a mi me costaba 20 cents la bolsa y aquí sale a 10€ (creo recordar) y llenaba bastante menos.

Conclusión: si quieres comer cómodo, en cantidad y barato, este no es tu sitio. Igual pensando en llevar a alguien a cenar en una primera cita con la intención de luego poder entregaros al fornicio durante toda la noche, pues es buena elección. Y supongo que para un cocinero es un sitio muy interesante porque innovan mucho en sus creaciones… pero oiga, que el resto de los mortales hemos venido a comer!!

Sala de despiece (Ponzano 11, Madrid)

http://www.saladedespiece.com

Comes con los ojos

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Lección gastronómica número uno: todo entra mejor por los ojos.

Bonus extra de saber: esa cuchara-tenedor de la imagen es para comer ceviche. Este concretamente fue en Mallorca, en un restaurante que es a su vez tienda de muebles (como si te vas a comer a Ikea, pero en bonito y caro). Muy recomendable el ceviche (aunque los trozos de atún eran un poco grandes, pero rico igual), las croquetas (oh sí, cuanto glamour, pero estaban que te mueres de ricas) y la corvina. También probé la pechuga de pintada (porque de lo que se come se cría) y el tiramisú, y estaba bueno, pero sin más.

Os dejo el enlace al sitio por si os animáis a ir, sólo por los jardines ya merece la pena: http://www.livingdreams.es/03_bistro19.html

En próximas ediciones subiré fotos de los platos, lo prometo y lo siento a la vez.